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FUNDAMENTOS DE LA BUENA ALIMENTACIÓN

Por Sean Sawford

A estas alturas todos sabemos que la alimentación es la piedra angular de la óptima salud, así como la columna vertebral del óptimo rendimiento físico.

Tanto la calidad de vida como el desarrollo físico dependen de la nutrición que el cuerpo recibe.

Os ofrecemos una batería de consejos que constituyen los fundamentos de la buena alimentación.

En una época en que la mayoría de países industrializados vive una auténtica epidemia de sobrepeso y de obesidad, algo que reduce la calidad y expectativa de vida, las autoridades sanitarias se esfuerzan por difundir consejos y estrategias para que los ciudadanos sigan hábitos más saludables de vida y en especial de alimentación.

Los hombres de ciencia se esfuerzan por promulgar que llevando una dieta saludable y haciendo ejercicio regular se pueden evitar no solamente el sobrepeso, sino muchas enfermedades que aquejan a la sociedad desarrollada.

Los nutricionistas y en especial los naturistas atribuyen un gran número de enfermedades a la alimentación, o mejor dicho a la nutrición deficiente, puesto que el organismo depende intrínsecamente de los nutrientes que obtiene de los alimentos para construir sus propias estructuras y renovar todas sus células.

Se calcula que una persona adulta al cabo de un año ha cambiado, o renovado, todas las células de su organismo, puesto que éstas aunque a diferentes ritmos están en constante evolución, y eso significa células de rápido crecimiento, como el cabello, las uñas, la piel o los músculos, pero también los huesos, las enzimas, las coenzimas, hormonas, etcétera.

En otras palabras, el organismo es un complejo laboratorio químico que está constantemente transformando sustancias químicas para constituir moléculas y tejidos imprescindibles para la vida.

De todas esas sustancias químicas necesarias para la vida, tan solo el oxígeno no lo obtenemos de los alimentos, sino del aire, pero el resto de materias hemos de conseguirlas a partir de los alimentos que ingerimos.

El dicho: “Somos lo que comemos” es absolutamente cierto y exacto, puesto que de cada alimento que ingerimos, una vez éste sea digerido, antes de excretarlo, algunas de las sustancias que retenemos y absorbemos se incorporarán a nuestras propias estructuras, es decir que parte de las sustancias extraídas del alimento acabarán formando parte de nosotros.

Por tanto, no hace falta ser un candidato al premio Nobel de bioquímica para deducir que cuanto mejores, naturales y más nutritivos sean los alimentos que formen nuestra dieta, mejores materiales tendrá el organismo a su disposición para su regeneración y mantenimiento.

Numerosos estudios han puesto de manifiesto que un gran número de enfermedades, en especial las derivadas del llamado síndrome metabólico (cardiovasculares, diabetes y algunos tipos de cánceres) se originan por una dieta deficiente. Asimismo, también han constatado los investigadores que muchos alimentos en su estado natural aportan sustancias protectoras y hasta curativas de numerosas dolencias.

Tanto la investigación como la experiencia empírica han demostrado que la buena nutrición desempeña un papel esencial tanto en el rendimiento físico y deportivo, como en la propia composición corporal, algo de lo que los culturistas son muy conscientes ya que dominan como pocos la composición corporal.

Por consiguiente, podemos afirmar sin temor a exagerar que dominar la alimentación y practicar hábitos saludables de alimentación constituye la clave para gozar de una vida sana, larga, dinámica, libre de enfermedades, además de potenciar el rendimiento físico y favorecer el desarrollo muscular exento de grasa.

Y para que sepáis qué hacer para obtener los mejores resultados de vuestra alimentación, os proponemos los siguientes 30 consejos que configuran los fundamentos de la buena alimentación.

  1. No comáis en exceso
    Ingerir un exceso de calorías no significa estar mejor alimentado. Comer demasiado favorece la deposición de tejido graso, fuerza el sistema digestivo, agota el enzimático y dilata el abdomen. Procurad hacer pequeñas comidas con mayor frecuencia.
  2. La ansiedad por la comida es una adicción
    Los estudios han revelado que la ansiedad por la comida es un trastorno equiparable a una adicción. Mucha gente utiliza la comida como refugio de sus frustraciones y problemas y entonces se convierte en una adicción. Aprended a controlar esos brotes de ansiedad por la comida.
  3. No comáis exactamente lo mismo a diario
    Todos los alimentos aportan sustancias químicas necesarias para la vida, pero ningún alimento contiene todo lo que necesitamos, de manera que llevar una monodieta, basada solamente en unos pocos alimentos, además de monótona es poco saludable, porque nos perdemos numerosos nutrientes esenciales existentes en gran variedad de alimentos. A la hora de comer la variedad es la llave del éxito.
  4. No os saltéis las comidas
    El cuerpo necesita nutrientes y los necesita constantemente, de forma regular, si os saltáis las comidas estáis enviando un mensaje de carencia de alimentos y el metabolismo reaccionará aminorando su ritmo, de tal forma que careceréis de energía y seréis más proclives a engordar, ya que el organismo para preservar la supervivencia intentará hacer los mayores acopios de grasa posible. Por tanto, comed algo cuando toque, sea la hora que sea.
  5. Llevad una dieta compensada
    Ingerir un exceso de un nutriente a expensas de los demás no es una buena idea, además todo exceso que el cuerpo no utilice acabará convertido en combustible energético o en reserva como tejido adiposo.
  6. Procurad comer cuando sintáis hambre y estéis relajados
    Realizad pequeñas comidas que no os llenen demasiado, de tal forma que no os obliguéis a comer forzadamente cuando no tenéis apetito. Tampoco comáis cuando estéis estresados, nerviosos o enojados, porque no digeriréis bien los alimentos.
  7. Reposad después de comer
    Después de comer, una gran cantidad de sangre se concentra en el sistema digestivo y éste atraviesa por una fase de gran actividad, por lo que resulta muy conveniente y productivo descansar 30 minutos después de comer para favorecer los procesos digestivos. No hace falta acostarse, basta con sentarse y leer o relajarse charlando con alguien.
  8. No comáis alimentos demasiado fríos o demasiado calientes
    El estómago tiene un entorno muy delicado a la temperatura y todo alimento que llega con una gran diferencia de temperatura, lo abandona con gran celeridad (es expulsado), y por consiguiente no lo podréis digerir ni absorber.
  9. Bebed poco líquido durante las comidas
    La digestión se realiza en un entorno ácido, con gran liberación de ácido hidroclórico, pero si bebéis una gran cantidad de líquido, incluso agua, estaréis diluyendo el entorno ácido natural, por lo que la digestión no se realizará adecuadamente y el sistema tendrá que esforzarse por producir más y más ácido. Bebed abundantemente, pero fuera de las comidas, durante las mismas con un vaso debería bastar.
  10. Para mantener una buena dieta cuidad el aspecto de los platos
    Para comer de forma saludable no es necesario que sea aburrido, eso hace que seguir la dieta sea difícil y tedioso y acabaréis rompiéndola. Incluso el aspecto de los platos los hace más apetecibles, así que adornadlos con hierbas y hortalizas para hacerlos mentalmente más apetecibles.
  11. Acostumbraos a comer primero los alimentos crudos
    Durante las comidas deberéis ingerir los alimentos crudos primero y luego los cocinados, porque los crudos aportan enzimas crudas que el organismo puede aprovechar para favorecer la digestión.
  12. Es preferible consumir los vegetales crudos o al vapor
    Los vegetales contienen muchos nutrientes y sustancias químicas que proporcionan información genética muy útil para el organismo, pero para preservarlos debéis ingerirlos crudos o como mucho cocinados al vapor.
  13. Los alimentos correctos no sólo nutren
    Recordad que en cada comida estáis ingiriendo no solamente calorías, sino una gran cantidad de sustancias químicas que dan instrucciones al organismo. La buena comida proporciona las instrucciones correctas. En cambio, la mala comida proporciona instrucciones perjudiciales para el sistema.
  14. Evitad las conservas
    Comed predominantemente alimentos vivos y frescos, procurando prescindir en lo posible de los envasados y en conserva. Los alimentos, cuanto más frescos contienen más enzimas, mejores aminoácidos y proteínas, mayor contenido en vitaminas y minerales, y más información sobre un elemento vivo que aportan al organismo.
  15. Evitad los alimentos muertos
    Los alimentos procesados, en conserva, enlatados y derivados de la fabricación industrial son alimentos muertos y desfavorables porque únicamente aportan calorías, ya que han perdido toda la información enzimática que proporcionan los alimentos crudos.
  16. Consumid las frutas y frutos secos crudos
    No cocinéis bajo ninguna circunstancia alimentos como frutas y frutos secos, porque destruiréis sus propiedades y perderéis toda su información celular.
  17. No os excedáis con los aderezos
    No abuséis de los sazonadores. Aprended a disfrutar del sabor natural de los alimentos.
  18. No utilicéis la mantequilla para cocinar
    Cocinar con mantequilla no únicamente incrementa la cantidad de calorías, sino que estaréis usando una forma de grasa poco saludable, puesto que se trata de grasa saturada, dañina para el sistema cardiovascular. En su lugar, usad el aceite de oliva que es una grasa monoinsaturada y cardiosaludable.
  19. No cocinéis en un entorno erróneo
    Si cocináis en una sartén donde queden restos de grasas calcinadas, estaréis corriendo el riesgo de ingerir sustancias cancerígenas y peligrosos reactivos que ensucian vuestro entorno celular.
    Incluso hay que ser prudentes con las barbacoas, porque se sabe que se pueden alcanzar temperaturas de 300 a 700 grados centígrados y los alimentos quemados forman unos cuerpos tóxicos llamados benzopirenos. Estos elementos se originan cada vez que una materia orgánica de origen animal o vegetal se carboniza, porque las grasas a temperaturas superiores a 250 º se desnaturalizan y sufren profundas transformaciones
  20. Bebed en abundancia sin esperar a tener sed
    Bebed al menos 8 vasos de agua mineral al día, que sea baja en minerales y en sodio. No esperéis a tener sed para beber. Pero procurad hacerlo fuera de las comidas, no olvidéis que durante las comidas el agua en exceso contribuye a diluir los ácidos estomacales y prolonga y entorpece la digestión.
  21. Evitad el consumo de fármacos
    Los fármacos alteran el equilibrio químico celular natural y los laxantes desarreglan el balance hídrico y de electrolitos. Esos desarreglos desajustarán vuestro metabolismo y os resultará cada vez más difícil generar músculo y desprenderos de la grasa.
  22. Masticad bien
    La digestión empieza en la boca con la masticación, que es el modo mecánico de triturar los alimentos para permitir una mejor deglución y digestión. Los alimentos que no son suficientemente bien masticados pasan por el tubo digestivo sin ser completamente digeridos y esas moléculas demasiado grandes no pueden luego incorporarse a la circulación ni llegar a las células. Debéis masticar cada bocado al menos seis veces.
  23. Aprended a usar el agua para cocinar
    Para cocer los alimentos debéis ponerlos en el agua cuando esté hirviendo, para así aprovechar mejor los nutrientes y perderlos menos. En cambio, cuando queráis hacer caldos, poned los alimentos en el agua antes de que esta hierva, así los nutrientes quedarán en el caldo.
  24. Cuidado con el café
    El café es una bebida estimulante que puede acelerar el metabolismo e incluso favorecer la pérdida de grasa corporal. Pero no lo toméis con las comidas porque bloquea la absorción del hierro de los alimentos, es mejor que lo hagáis dos horas después o una hora antes.
  25. Evitad el azúcar
    No consumáis azúcar ni ningún alimento que la contenga, pues se trata de un ‘veneno’ para el sistema que afecta negativamente al sistema cardiovascular y se convierte fácilmente en un radical libre. El exceso de azúcar no solamente os hará propensos a la diabetes, incrementará el peso adiposo, sino que os alejará de vuestros objetivos físicos.
  26. Evitad la sal
    La sal además de elevar la tensión arterial, daña los riñones y altera el equilibrio de electrolitos en el cuerpo, produce edema y retención de agua bajo la piel, lo cual proporciona un aspecto físico de blando y fofo.
    En lugar de sal, condimentad vuestros platos con especias, plantas aromáticas y sazonadores.
  27. Limitad el consumo de lácteos
    Se prudentes con el consumo de lácteos, pues la mayoría no tolera bien la lactosa y eso produce desde pesadez de estómago, empacho, flatulencia y hasta excesiva mucosidad. Sobre todo no los consumáis durante las comidas, pues entorpecerá la digestión y puede provocar estancamiento del bolo alimenticio.
  28. Consumid la fruta en los momentos idóneos
    La fruta es un alimento muy saludable, pero no conviene consumirla en ciertas ocasiones o no combinarla con algunos alimentos. Por ejemplo, conviene no consumirla con las comidas y sobre todo con las carnes o las verduras crudas, en cambio combina bien con los frutos secos, los cereales e incluso con los lácteos.
  29. Limpiad el organismo por medio de la alimentación
    El organismo se ve saturado de toxinas por la acumulación de deshechos y residuos provenientes de restos de alimentos en el tracto digestivo que se vuelven putrefactos y constituyen el origen de numerosos trastornos y disfunciones metabólicas, como la elevada acidez de la sangre. Para limpiar el organismo hay que comer buenos alimentos, evitar los tóxicos y todo lo procesado y activar las vías naturales de eliminación (orina, bilis, heces, sudor, sistema linfático, mucosidades, menstruación, etc).
  30. Estad atentos a los signos de la depuración
    En los primeros días de un cambio drástico de alimentación en que se eliminan todos los alimentos nocivos, es posible que aparezcan síntomas de malestar, como dolor de cabeza, fiebre, catarros, debilidad, etc, ya que el cuerpo está reaccionando al cambio de alimentación desintoxicándose. Son síntomas buenos. Sobre todo no tratéis de frenar estos síntomas con medicación, a menos que sean realmente muy incómodos o intensos. Es muy importante, en los primeros días, beber agua en abundancia para que el riñón elimine el exceso de toxinas que está en circulación, y que ahora están removiéndose por el organismo buscando una vía de salida.

Si elimináis todos los alimentos procesados de vuestra dieta y los reemplazáis por productos integrales y crudos, vais a eliminar el exceso de bilis, los sedimentos de arterias, venas y capilares, los depósitos artríticos de las articulaciones, los conservantes alimenticios, los restos de fármacos, residuos intestinales, etc, que habéis tenido acumulados durante mucho tiempo.

Estaréis devolviendo al cuerpo su salud y su capacidad de autocontrol. No todas las toxinas se eliminan de golpe, ya que la naturaleza actúa por ciclos. De manera que es frecuente que aparezcan nuevos episodios de malestar, pero cada vez más débiles y más distantes, hasta que alcancéis un estado razonable de limpieza orgánica.

Persistid en los cambios nutricionales y gozaréis de una salud más robusta y un vigor renovado que os permitirá alcanzar más fácilmente vuestras metas deportivas y controlar vuestra composición corporal.