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Los hombres de ciencia han constatado hace tiempo que los trastornos cognitivos están estrechamente relacionados con la pérdida de memoria y en las personas mayores con la demencia senil, sin embargo, investigaciones recientes sugieren que la nutrición puede desempeñar un papel importante para proteger contra esos problemas.
Así es, debido a la mayor longevidad de la población, cada vez hay más preocupación por corregir estos problemas y aunque no existe la “píldora mágica” para evitar el decline cerebral, sí que cada vez hay más datos científicos que apoyan los beneficios cognitivos de nutrientes tales como el DHA (un ácido omega 3), la fosfatidilserina (un fosfolípido), la cafeína, las vitaminas E y las del grupo B, los minerales y la dieta mediterránea.
El DHA ha recibido el reconocimiento de los hombres de ciencia por su apoyo al desarrollo cerebral y la vitamina E ha demostrado en estudios recientes muy serios que puede ser un biomarcador para detectar la aparición de la enfermedad de Alzheimer, puesto que los investigadores después de estudiar a cientos de pacientes con esta enfermedad descubrieron que en todos sus niveles de vitamina E eran muy bajos.
Otros trabajos apuntan a una influencia positiva de la vitamina D y las del grupo B en frenar el declive cognitivo. Pero es más, una reciente investigación señala que altas dosis de vitaminas B podría detener la aparición del Alzheimer, al evitar el encogimiento del lóbulo temporal medio del cerebro.
El mineral magnesio también ha sido objeto de estudios que parecen apuntar a que podría proteger contra el Alzheimer.
Las bayas ricas en fenoles, como los arándanos, también parecen influir positivamente sobre la función cerebral e impedir su envejecimiento.
Otro estudio sistemático a gran escala y publicado en Epidemiology revela que existe una relación entre la dieta mediterránea y la mejora de las funciones cognitivas.
En definitiva, que la forma de alimentaros puede ser determinante para la buena función cerebral y para evitar la senilidad.