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Y SUS DOS CARAS

Por Evan Burns

Si consideráis que el buen funcionamiento del corazón es esencial para vuestra salud y capacidad para rendir al máximo en el gimnasio, entonces os interesará conocer a fondo el que según todos es el mayor culpable de los problemas cardiovasculares.
Ya lo habéis adivinado: El colesterol.

El colesterol desempeña un importante papel en el funcionamiento del cuerpo humano, en el cual se encuentra como una sustancia muy similar a la grasa. Se utiliza en numerosas funciones celulares, así como en la producción de hormonas, la importancia de las cuales es muy relevante. No os equivoquéis pensando que el colesterol solamente os llega con los alimentos, porque durante todo el día nuestro organismo produce el suficiente colesterol para satisfacer sus necesidades, el 70 por ciento del cual se forma en el hígado.
De hecho, el colesterol es el precursor de las hormonas esteroideas, del ácido biliar y de la provitamina D. El ácido biliar se utiliza para digerir las grasas.
Además de ser una materia prima de las hormonas esteroideas, el colesterol también es un componente de la membrana celular. Es el responsable de la entrada de las hormonas esteroideas en la célula, de su adaptación al receptor hormonal y de la estimulación de los genes correspondientes.
Como veis esta sustancia desempeña no pocas funciones en el organismo.

No todo el colesterol es malo

Nuestro cuerpo necesita colesterol y no todo él es malo. También es muy importante para todos aquellos que quieren ganar músculo. La clave reside en el control del nivel total de colesterol.
Diversos estudios revelan que las dietas altas en grasas saturadas son las culpables del aumento del colesterol en sangre (aunque otros también culpan a los excesos de azúcar como causantes del incremento de los niveles de colesterol). Es la razón por la que se recomienda que tan sólo 10% del total de las calorías diarias provengan de grasas saturadas. Por consiguiente, una dieta baja en grasas, sobre todo saturadas, disminuirá la formación de placa en las paredes arteriales.
¿Cuántas veces habéis oído a alguien comentar su última visita al médico y mencionar su nivel de colesterol y no teníais idea de lo que dicho nivel significaba? En primer lugar, un nivel alto de colesterol es un indicador seguro del riesgo de enfermedad coronaria que corre una persona, ya que el colesterol es el responsable de la formación de la placa en las arterias, lo cual provoca hipertensión.
A medida que se forma la placa, las paredes de las arterias aumentan de grosor (en su cavidad interna) y por tanto el paso de la arteria se hace más estrecho. Imaginad que cerráis poco a poco el interior de una de esas pajas con las que se toman los refrescos. A medida que lo hacéis, necesitaréis succionar con más y más fuerza para obtener la misma cantidad de líquido en el mismo tiempo. Como sabéis cuando entrenáis necesitáis el máximo caudal de sangre que circule para transportar a los músculos el oxígeno y los nutrientes necesarios para crecer.
En el peor de los casos, la placa puede llegar a cerrar los vasos sanguíneos, lo cual bloquea el paso de la sangre y entonces produce una crisis cardiaca que puede resultar fatal.
Supongo que estaremos de acuerdo que esa no es la mejor situación para nadie, y menos para un culturista.

¿Cuáles son los niveles aceptables y los peligrosos?

¿Cuáles son los niveles en los que empieza el riesgo? Cuando superan los 180 mg/dl, el peligro de trastornos coronarios aumenta. Un valor de 220 mg/dl equivale al doble de casos que con 180. De hecho, reduciendo el nivel de colesterol en un 1%, disminuye el riesgo de enfermedad coronaria en un 2%, en los niveles que superan los 200 mg/dl.
Dichos niveles no deberían superar los 220 mg/dl. Si lo hicieran, os colocarían entre el 10% de personas con más probabilidades de padecer una crisis cardiaca. Si vuestro nivel oscila entre 200 y 240 mg/dl, deberíais seguir una dieta lo más baja posible en grasas saturadas (y comida basura, así como bollería industrial).
Si, además, acumuláis otros factores de riesgo como el tabaco, la obesidad o la hipertensión arterial, entonces vuestro médico debería haceros un perfil completo de lípidos y proporcionaros las recomendaciones correspondientes basadas en los resultados. Pero si sobrepasáis los 240 mg/dl, deberíais ser sometidos a análisis más completos y a un tratamiento.

Las dos caras del colesterol

Pero antes de que os sobresaltéis y salgáis corriendo asustados hacia la consulta del doctor, aún tenéis que aprender más cosas acerca de nuestro protagonista de dos caras.
Existen dos tipos de colesterol que conforman el nivel total, es decir que éste último valor no nos cuenta toda la historia, aunque sí que desde luego es un muy buen indicador. ¿Recordáis las líneas donde decía que el colesterol se depositaba en las arterias como placa? Pues bien, ese fenómeno se debe a la forma de colesterol conocida como lipoproteína de baja densidad (LDL), más popular como colesterol malo. El otro tipo, o colesterol bueno, se denomina lipoproteína de alta densidad (HDL).
Al no ser soluble en agua, el colesterol necesita ser vertido en la circulación sanguínea. La lipoproteína HDL ayuda a formar pequeños paquetes de colesterol, que serán transportados por la sangre hacia el hígado, para ser procesados allí. Quizá suene contradictorio, pero la lipoproteína de baja densidad contiene más colesterol que la lipoproteína de alta densidad y no interviene en su transporte. Sin embargo, la LDL es la responsable de la formación de placa en las paredes arteriales.
Otro detalle que parece contradictorio es que las partículas de menor tamaño de la LDL son las que más aumentan el riesgo de enfermedad coronaria, comparadas con las más grandes de la HDL.
En la práctica, las partículas de colesterol de la LDL se depositan (se pegan) a lo largo de las paredes internas de las arterias, mientras que las mismas de la HDL que son más grandes al circular por las arterias de camino al hígado arrastran y despegan las que permanecen adheridas a las arterias, de manera que actúan como limpiadoras del sistema cardiovascular.
Aunque el nivel total de colesterol (TC = HDL + LDL) es una forma fiable de predicción de los posibles trastornos cardiovasculares, el verdadero indicador debería de ser la proporción de HDL respecto al colesterol total. Si dos personas tienen un total de colesterol (TC) de 200 mg/dl, pero una de ellas tiene una proporción de HDL de 75%, mientras que la de la otra es de 30%, la segunda correrá un riesgo de enfermedad coronaria mucho mayor, aunque ambas tengan el mismo nivel de total de colesterol. Los niveles de HDL están en proporción inversa al riesgo mencionado. Cuanto más elevado sea ese nivel, menor será el riesgo de sufrir problemas cardiovasculares.
Además los niveles de HDL son cuatro veces mejores como predictores que los de LDL y ocho veces más que los de TC. La proporción TC/HDL recomendada va de 4 a 4,5, lo que significa que como máximo, el TC sólo debe ser unas 4 veces mayor que el de HDL o que, dicho al revés, el de HDL será de 1/4 del de TC. Cuanto más aumenta esta relación, más peligro se corre.

La producción/inhibición de colesterol

Cuando el colesterol que circula en sangre alcanza niveles elevados, la facultad de las células de producir su propio colesterol queda inhibida, ya que el organismo interrumpe la secreción de la enzima hepática responsable de la producción de colesterol. Su síntesis general se detiene en un mecanismo de retroalimentación.
El nuevo colesterol derivado de la LDL favorece el almacenamiento de colesterol en las células activando una enzima que restablece el vínculo entre un ácido graso y las moléculas de colesterol excedentes. El resultado son ésteres de colesterol depositados en gotitas de almacenamiento. Cuando el organismo percibe la acumulación de colesterol en las moléculas, envía la señal de interrumpir la producción de receptores de LDL. Dada la gran capacidad de adaptación del cuerpo humano, sus células cambiarán su número de receptores con objeto de recibir sólo la cantidad de colesterol que necesita el cuerpo.
Los quilomicrones son grandes moléculas de lipoproteínas que transportan el colesterol consumido del tracto intestinal al torrente sanguíneo y al hígado. Una vez allí, los quilomicrones se metabolizan y entonces el hígado secreta colesterol en forma de lipoproteína de muy baja densidad (VLDL). El colesterol es uno de los componentes fundamentales de la VLDL. La VLDL se descarga entonces en la circulación sanguínea para ser transportada a los tejidos que la necesitan. La VLDL se convierte en LDL en cuanto llega al tejido graso acumulado. La LDL es la principal forma de transporte del colesterol. En versión LDL, el colesterol se transporta desde los tejidos grasos a los diferentes tejidos corporales. La HDL interviene en el transporte del colesterol desde los tejidos hasta el hígado, es decir en la dirección contraria a la de la LDL.

Controlar, pero no eliminar el colesterol

Además de mantener bajos los lípidos corporales y la ingestión de grasas saturadas, así como los carbohidratos refinados, es conveniente consumir cantidades adecuadas de fibra dietética. La fibra se une al ácido biliar, compuesto de colesterol, y elimina éste último con las heces. De hecho, la fibra cambia la composición química del ácido biliar formado a partir del colesterol LDL y frena la síntesis de colesterol.
El ejercicio aeróbico también os ayudará a mantener los niveles de LDL dentro de unos límites seguros.
Pero además, el colesterol tiene gran importancia en el desarrollo de un culturista, puesto que juega un papel clave en la formación de las hormonas esteroideas, como por ejemplo constituye la base sobre la que se construye la testosterona, que como bien sabéis interviene en la síntesis de músculo. El colesterol también actúa como componente “guardián” de la membrana celular al decidir qué puede entrar y salir de la célula y qué no. Incluso ayuda a digerir la grasa.
Llevando una dieta baja en grasas saturadas (y en carbohidratos refinados) para mantener unos niveles sanos de colesterol, no tendréis que preocuparos por la hipertensión arterial, ni por las enfermedades coronarias.
La limitación de las grasas saturadas no afectará la producción de colesterol, ya que el hígado producirá todo el que necesite vuestro organismo para sus funciones normales.