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Por Duane Hudson

En el sector del acondicionamiento físico, especialmente en el fitness y en el culturismo, se da por sentado que los sistemas de trabajo han de establecerse teniendo muy en cuenta las características individuales. Es absolutamente de sentido común que así sea puesto que cada persona tiene unos requerimientos y recursos específicos. Pero si la alimentación es la piedra angular sobre la que se asienta el éxito de todo programa de ejercicio, ¿no es entonces lógico individualizarla también?

Pensaréis que eso ya se está haciendo puesto que en las dietas que se diseñan se barajan distintos porcentajes de los principios inmediatos, como las proteínas y los carbohidratos, en función de la morfología de cada cual, como si está pasado o falto de peso, pero no es suficiente, si en verdad queréis maximizar el rendimiento y el bienestar hay que ir más al fondo de la cuestión para determinar qué alimentos son aptos para nuestro organismo.
Comer más azúcares, en forma de hidratos, o más prótidos en función de la relación de masa magra y grasa que se presente en un momento dado o del tipo de apariencia que se tenga, no es sino tratar de encontrar el equilibrio energético y calórico, pero no tiene absolutamente nada que ver con suministrar al cuerpo los elementos que a éste le son más propicios.
Dicho de otra forma, no se trata del número de calorías ni de la proporción de los principios inmediatos, sino del tipo de alimentos que conviene y de los que no.

La relación entre alimentación y salud

Básicamente todos sabemos que la alimentación juega un papel fundamental en el mantenimiento de la salud, porque es a través de ella que el cuerpo obtiene los elementos que le son indispensables para su óptimo funcionamiento, tales como vitaminas, minerales, proteínas, ácidos grasos esenciales, etcétera. Por tanto, es evidente que existe una relación muy directa entre la calidad de lo que comemos y el rendimiento corporal. Pero ese vinculo es más profundo, puesto que además de la capacidad física, la alimentación está estrechamente unida con la salud y la expectativa de vida. El modo de alimentarnos va a determinar el funcionamiento de los órganos, la eliminación de los residuos y muy especialmente la acidez de la sangre, un factor que cada vez más se asocia con infinidad de enfermedades de las llamadas degenerativas.
El pH de la sangre ha de presentar una alcalinidad de 7,4 que en muchos casos no se mantiene y eso da lugar a numerosos problemas de salud, desde molestias articulares, trastornos viscerales, hasta propiciar el propio cáncer.
Los alimentos que ingerimos son básicamente ácidos o alcalinos, dicho de otra forma en términos químicos, presentan partículas ácidas (protones con carga positiva) o alcalinas (electrones con carga negativa), o como los orientales denominan el yin (ácido) y el yang (alcalino).
La energía del organismo se regula como cualquier otra fuente energética mediante el equilibrio entre lo positivo y lo negativo. Sin embargo, hay que decir que cada uno tiene una química corporal única y con ella una tolerancia de distinto grado a la acidez, o a ciertos tipos de alimentos.
El problema sobreviene cuando las personas llevan una dieta absolutamente contraria a sus características personales, que no son ni más ni menos que su propia configuración genética.
Dicho en pocas palabras el exceso de acidez puede resultar muy negativo, y aunque es cierto que hay individuos cuyo sistema es más ácido por naturaleza generalmente la acidez se acentúa por la alimentación ya que ciertos alimentos son intrínsecamente ácidos y obligan al organismo a producir una gran cantidad de sustancias ácidas como enzimas, bilis y ácido clorhídrico para digerirlos.

La dieta ancestral, o la huella genética

Los hombres de ciencia están de acuerdo en afirmar que nuestra evolución como especie ha determinado no sólo lo que hoy conocemos como razas, con distintos colores de piel y morfología, sino los distintos grupos de sangre y las tendencias metabólicas.
Los homínidos salieron de Africa y se propagaron por todos los continentes adaptando su alimentación a los recursos de las zonas donde se asentaban.
No hay duda ninguna de que los alimentos más idóneos para el sistema digestivo de una persona son los que han formado parte de la dieta de sus ancestros durante miles de años. Aquellos cuyos antepasados se han nutrido básicamente de carne deben hacer que ésta forme parte esencial de su menú y si proviene de una casta de pescadores debe hacer lo propio con el pescado, sencillamente porque sus genes han estado expuestos a esos comestibles durante miles de años y los cambios drásticos dañarán su salud.
Por ejemplo, el doctor Solomon Katz de la universidad de Pensilvania, EEUU, ha demostrado con sus investigaciones que la configuración genética está determinada por las prácticas alimentarias. De entre sus muchas pruebas él señala el seguimiento que efectuó de los inmigrantes de la India hacia Estados Unidos, que habían experimentado un acusado incremento en sus enfermedades de corazón como consecuencia del abandono de la dieta básicamente de grano que llevaban en su país natal por otra en la que abundaba la carne.
Entre las poblaciones primitivas se formaron dos corrientes, una en que la dieta era predominantemente carnívora y la otra donde abundaban los granos.
No todos los individuos poseen los mismos metabolismos que sus antepasados, muchos son una mezcla de distintas evoluciones y pueden procesar perfectamente tanto la carne como los granos.
Pero de todas formas, lo ideal es conocer cual es esa tendencia para evitar todo aquello que vuestro sistema digestivo no tolere bien.

Cómo individualizar la alimentación

Los científicos poseen la suficiente información acerca de la configuración genética como para establecer tres tipos de dieta metabólica.
Aquellos dotados de un sistema de rápida oxidación, donde domina el sistema nervioso parasimpático, deben alimentarse predominantemente con carnes de todo tipo y caza porque en el cuerpo se quema lentamente y eso fuerza al sistema nervioso a aminorar el ritmo al que usa la energía, dando como resultado un mejor equilibrio entre las dos mitades del sistema nervioso.
Los que tienen un sistema de oxidación lenta, en que domina el sistema nervioso simpático, deben alimentarse principalmente de granos porque se digieren más rápido y obligan al sistema parasimpático a acelerar el ritmo de oxidación, es decir el gasto de energía.
Los individuos cuyos sistemas nerviosos están equilibrados pueden comer carne o gramos.
Recordad que los que se alimentan con productos que no le son completamente aptos experimentarán problemas de indigestión, falta de energía y lo que es pero acidez debido a aquellas partículas que quedan sin digerir en el sistema.
A estas alturas os estaréis haciendo la pregunta del millón, ¿cómo saber a qué grupo pertenezco?
Sencillo. Existen varias formas de comprobarlo, pero una de las más simples es tomar 50 miligramos de niacina (una vitamina del grupo B) con el estómago vacío. Si al cabo de media hora la piel se ha vuelto roja, tienes calor y una sensación de picor, es que perteneces al grupo de los carnívoros. Si apenas sientes un poco de calor y algo de color es que tienes un metabolismo mixto. Si por el contrario no percibes ningún efecto es que metabólicamente eres un comedor de granos.

Volved a vuestros orígenes

Bueno, ¿y ahora qué? Una vez que sepáis cuales son vuestras tendencias generales simplemente adaptad vuestra alimentación a las mismas.
Si pertenecéis al grupo de carnívoros eso significa que disponéis de grandes cantidades de ácido para digerir la carne, en ese caso evitad alimentos ácidos como el vinagre o el limón, que podrían acelerar la oxidación de los nutrientes. También poseéis niveles elevados de potasio en relación con el calcio, así que debéis reducir el consumo de fruta y vegetales de hojas verdes. Los lácteos os ayudarán a equilibrar ese balance ya que son ricos en calcio.
Para mantener dentro de la normalidad el ritmo de oxidación aseguraos de comer guisantes, judías verdes, coliflor, coles de Bruselas, y tubérculos, con excepción de la patata que se digiere muy rápido.
Si tenéis un metabolismo en el que domina el sistema simpático, es decir de lenta oxidación, debéis comer sólo esporádicamente los alimentos del grupo anterior porque éstos ralentizarán aún más el ritmo de producción de energía.
En vuestro caso os sentarán mejor las aves y los pescados, así como alimentos ricos en potasio para equilibrar vuestro nivel alto de calcio, por ejemplo, además de todo tipo de granos, cereales y legumbres, los vegetales de hoja verde, la fruta, el brécol, las patatas y las cebollas.
Al equilibrar las dos mitades del sistema nervioso los órganos perezosos se avivan y son capaces de eliminar mejor los residuos ácidos que se acumulan en ellos.
Los dotados con un sistema mixto pueden tolerar perfectamente los alimentos de ambos grupos, pero no deben decantarse mayoritariamente por ninguno de forma acentuada, sino mantener una variedad.
Descubrir qué tipo de metabolismo tenéis es más importante de lo que podéis imaginar, porque no sólo tiene que ver con el rendimiento físico, que por supuesto es mucho, sino con el ritmo de producción de energía, de eliminación de los residuos metabólicos y alimenticios, de la acidez de la sangre y los órganos y por supuesto de la salud en general, y eso no tiene precio.