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La población de los países industrializados está cada vez más gorda. Las autoridades sanitarias advierten de los efectos negativos que comporta el sobrepeso generalizado y la creciente epidemia de obesidad, tanto para la salud de la población, como para las arcas públicas por los gastos derivados de la atención médica que esto origina.

Los hombres de ciencia afirman que en una gran parte el problema proviene de la afición por los alimentos dulces. Según explican, consumir azúcar y alimentos dulces estimula los centros del placer en el cerebro y eso genera un ansia que puede llegar a ser igual o incluso superior que el que se siente por ciertas drogas adictivas como la cocaína, según han podido constatar en algunos estudios científicos.

Además, se ha constatado que la gente en la actualidad consume 300 calorías más al día de lo que era habitual hace 30 años, al tiempo que la actividad física ha disminuido. Esto puede ser debido en parte a que los fabricantes de alimentos incrementan el dulzor de los mismos empleando en su fabricación elementos baratos como el jarabe de maíz alto en fructosa, con lo que aumenta su contenido calórico. La industria alimentaria sabe perfectamente que el azúcar causa adicción y por eso insiste en incidir en el sabor dulzón de los alimentos, para crear la necesidad en la población de volver a consumirlos una y otra vez.

Lo peor de esta adicción es que además de destrozar vuestro aspecto físico, también puede causar estragos en vuestra salud.