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Hace ya más de tres décadas que en su libro Life Extension, los doctores Durk Pearson y Sandy Shaw aseguraron que tomar ciertas vitaminas en cantidades superiores a las recomendadas podía tener efectos de gran calado en la prevención de numerosos trastornos y sobre todo en aquellos vinculados con la degeneración física y mental. Desde entonces muchas voces se levantaron en contra de esas ideas, pero también muchos otros científicos se adhirieron a sus tesis.

Según un reciente estudio con placebo y protocolo doble ciego, los pacientes con la enfermedad de Alzheimer en estado moderadamente avanzado mostraron una reducción del 19% anual en la progresión de esa enfermedad cuando tomaron 2.000 unidades internacionales de vitamina E (alfa tocoferol) al día.

Ese estudio, uno de los más largos con enfermos de Alzheimer, ha servido además para corroborar que el consumo de vitamina E en dosis elevadas no supone ningún riesgo para la salud, puesto que en este estudio la tasa de mortalidad de los sujetos que no tomaron la vitamina (placebo) fue del 9,4%, mientras que durante ese tiempo en los que la tomaron fue del 7,3%.

El trabajo en cuestión se llevó a cabo con 613 pacientes de Alzheimer durante dos años y medio.

De todas formas, los investigadores advierten que en ningún caso deben tomarse las vitaminas como remedio de la enfermedad, sino que ante el menor síntoma hay que consultar con el médico.