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A estas alturas ya sabéis que existen grasas buenas y grasas malas. Las primeras son las llamadas saturadas y grasas trans, que básicamente son las que incrementan el riesgo de obesidad, diabetes y de enfermedades coronarias y hasta de ciertos tipos de cáncer. Estas grasas saturadas presentan una estructura de ácidos grasos saturada con átomos de carbono y son generalmente de origen animal y se encuentran en estado sólido o ceroso a temperatura ambiente. En cambio, las grasas monoinsaturadas presentan un doble enlace libre en su cadena de ácidos grasos. Entre las grasas monoinsaturadas destacan los aceites vegetales, especialmente el de oliva, los aguacates, los frutos secos, o la manteca de cacahuete. Los hombres de ciencia han demostrado que sustituir las grasas saturadas de la dieta por las monoinsaturadas resulta muy beneficioso para la salud, pero lo que no se sabía es que también influye favorablemente sobre el estado de ánimo.

En un estudio recientemente publicado (American Journal Clinical Nutrition, 97: 689-697, 2013) a un grupo de jóvenes adultos se lo alimentó con la típica dieta moderna con un alto contenido en grasas saturadas, y luego posteriormente se le cambió la dieta administrándole una alta en grasa monoinsaturada (dieta mediterránea) y se comprobó que la actividad física mejoró un 12% así como el estado de ánimo y los niveles de energía fueron mucho mejores cuando consumieron una dieta con elevado contenido en grasas monoinsaturadas.

Por lo que han llegado a la conclusión de que consumir una dieta baja en grasas saturadas y rica en monoinsaturadas mejora la actividad física y también rendimiento mental.