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Hay una idea muy extendida acerca de que las frutas y verduras deben consumirse frescas o de lo contrario su aporte nutricional es muy bajo y es cierto, al menos en parte.
Como sabéis, entre las mejores fuentes de vitaminas están la fruta, la verdura y los zumos, pero éstos deben tomarse poco después de comprarlos para aprovechar al máximo sus cualidades. Algunos nutrientes se pierden cuando el alimento hace mucho que fue recogido. El zumo de naranja puede perder el 100% de la vitamina C si permanece mucho tiempo en la tienda o en la nevera. Lo ideal sería exprimirlos de la fruta fresca y consumirlos enseguida.
La exposición al calor, a la luz y al aire también acelera la pérdida de vitaminas en las verduras y hortalizas. Fijaos bien en la fecha de caducidad de los zumos y tomadlos durante la semana siguiente a su apertura. Lavad las frutas y las verduras a fondo, pero no las mantengáis sumergidas en agua mucho tiempo porque si lo hacéis perderéis en el agua parte de sus nutrientes.
En la nevera debéis colocar frutas y verduras en los cajones destinados a ellas y así evitaréis el contacto con la luz y el aire. Es aconsejable comprar estos productos frescos y consumirlos en tres o cuatro días.
No obstante, si os falta tiempo para ir de compra tan a menudo, compradlos congelados, porque está demostrado que sus valores nutricionales son incluso mejor que los frescos, puesto que se congelan inmediatamente después de su recolección y por tanto no pierden propiedades durante sus viajes y estancias en los almacenes.

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