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AL ESTÍLO CAVERNÍCOLA

Por Michael Sabaces

Según los antropólogos, el hombre de Neandertal tenía una masa muscular bastante superior a la del hombre actual y un porcentaje menor de grasa corporal.

Como es evidente aquellos hombres primitivos no tenían ninguna preocupación por su aspecto corporal, sino que su constitución provenía directamente de su estilo de vida y sobre todo de su alimentación.

Por consiguiente, resulta obvio que si volvemos los ojos atrás y examinamos su forma de alimentarse puede que también vosotros incrementéis vuestra masa muscular al tiempo que minimizáis el contenido adiposo.

En otras palabras, podéis definiros al estilo cavernícola.

El primate más antiguo que se ha encontrado es el denominado Purgatorius, de Norteamérica, que tiene 70 millones de años y fue encontrado en las Montañas Rocosas en Estados Unidos. Hace unos 35 millones de años un grupo de primates se desarrolló para formar otra familia, la hominoidea -que en latín significa ‘semejante al hombre’- o de los homínidos (o primeros humanos), que se caracteriza por no tener cola.

Se llama homínidos a una de las dos familias de monos en que se dividió el grupo de los primates. Mientras que en la familia del orangután, del gorila y del chimpancé no hubo cambios, hace 15 millones de años en la familia de los homínidos comenzó la evolución hasta el hombre actual.

Entre nuestros parientes más cercanos destaca el Homo habilis que data de hace dos millones de años, el Homo erectus, de un millón y medio de años y el Homo sapiens (hombre de neardental) de 150.000 a 200.000 años.

A la luz de las últimas pruebas antropológicas se ha llegado a la conclusión de que el genoma humano no ha variado prácticamente en los últimos 150.000 años. Eso significa que si pudiéramos viajar en el tiempo y sacar a un cavernícola de un glaciar, sería prácticamente idéntico a nosotros en su composición genética. Si partimos de la base que durante prácticamente toda nuestra evolución los humanos hemos sido cazadores y recolectores del paleolítico que comían sobre todo carne, algo de pescado, verdura, fruta, frutos secos y semillas, entonces tendremos que aceptar que nuestros genes están todavía adaptados a esos mismos nutrientes. De hecho, los humanos pasaron a utilizar la agricultura moderna y a alimentarse de granos, legumbres y productos lácteos, típicos del neolítico, hace sólo 10.000 años, que representa una pequeña fracción de tiempo de nuestra existencia. Según las investigaciones antropológicas en estos últimos 10.000 años hemos perdido altura, músculo, hemos engordado y estamos más predispuestos a sufrir enfermedades degenerativas y auto-inmunes.

Y si examinamos nuestra alimentación moderna, entonces veréis que la confección industrial de alimentos en masa tiene menos de un siglo, por tanto es sencillo deducir que nuestra configuración genética está adaptada a lo que ha sido nuestra alimentación durante más del 98% de nuestra existencia como especie.

¿Qué tiene que ver todo esto con el culturismo? Mucho, porque si como los expertos aseguran el éxito en la transformación corporal depende en hasta un 80% del factor nutricional, entonces será muy relevante que sepamos como mejor alimentarnos, de acuerdo a nuestra naturaleza y biología.

En las últimas décadas la población de los países más avanzados (industrializados) ha sufrido una terrible epidemia de sobrepeso, al tiempo que han aparecido un gran número de enfermedades asociadas con el llamado síndrome metabólico (problemas cardiovasculares, diabetes, hipertensión etc) que es el resultado de una alimentación poco acorde con nuestra genética.

Los culturistas no forman parte de la población convencional y se alimentan mejor, se ejercitan y por tanto suelen estar al margen de esa epidemia de sobrepeso. No obstante, los ciclos de volumen que emplean generan una cierta cantidad de grasa que luego intentan perder con dietas restrictivas de definición, que casi nunca proporcionan el resultado esperado, pues pierden grasa, pero también masa muscular. Además, las dietas de pérdida de grasa no son famosas por aportar mucha fuerza, sino todo lo contrario.

Sin embargo, existe una dieta de tipo cavernícola que está consiguiendo pérdida de lípidos a largo plazo y ganancias de músculo gracias a la eliminación de las grasas inútiles, y su secreto es que no es un sistema nuevo. De hecho, es tan antiguo como nuestros genes.

Conceptos de la dieta cavernícola

Cada vez hay más adeptos en todo el mundo a este tipo de alimentación simplemente porque esa algo racional.

Simplificando, la dieta cavernícola reduce el consumo de granos, legumbres y productos lácteos porque contienen elementos tóxicos que nos hacen engordar y acortan nuestra esperanza de vida; en cambio, promueve el consumo elevado de carne, mucha verdura y algunas frutas, frutos secos y semillas. En otras palabras, se trata de emular la dieta del primitivo cazador-recolector.

Aunque la mayoría utiliza esta dieta porque sus defensores aseguran que alarga la vida y evita las plagas modernas como la obesidad, la diabetes, el cáncer y las enfermedades cardiacas, los atletas la utilizan para recortarse y construir músculo de forma más eficaz.

Si nos fijamos en los alimentos que, en teoría, han evolucionado con nosotros a lo largo de millones de años, como la carne y, el pescado, las raíces, los tubérculos, la fruta y las verduras, comprobamos que contienen menos aporte nutritivo en cada caloría que los productos del neolítico, como los granos, las legumbres y los lácteos y muchísimas menos que los alimentos manufacturados que hoy conforman la dieta de la población.

Aunque nuestros ancestros compartían nuestros genes, los expertos tienen la convicción de que eran más altos y estaban más musculados y recortados que nosotros debido a los alimentos que tomaban. Según esta teoría, la respuesta reside en una proteína llamada gluten, que se encuentra en la mayoría de granos.

Cuidado con ciertos alimentos

A diferencia de los animales que tienen sistemas de defensa naturales, pensamos que las plantas son dóciles, inofensivas y crecen plácidamente para que se las coman. Sin embargo, lo cierto es que la mayoría de plantas, incluidos los granos, tienen defensas químicas que son tan peligrosas como cualquier par de colmillos, y muchas plantas están en una guerra química constante contra otras y contra todos los que quieran convertirlas en comida.

Esto lo saben bien las personas que padecen un desorden autoinmune producido por el gluten conocido como celiaquía, pero quizá os sorprenda saber que todos los humanos somos algo susceptibles a los daños que provoca el gluten. Entre los causantes de esos daños también están las lectinas, los fitatos y los inhibidores de la proteasa, que limitan la absorción de la proteína y los minerales y provocan una respuesta inflamatoria en nuestra pared intestinal que después se trasmite al resto del cuerpo. Cuando padecemos una inflamación tenemos tendencia a retener agua; por eso vemos a muchos culturistas en fase de preparación que dejan de consumir carbohidratos con trigo y optan por las patatas y el arroz. Si eliminamos el arroz y el trigo y tomamos batatas, comprobamos que se produce menor inflamación y una menor retención de agua. Además, al eliminar de nuestra alimentación esos productos que irritan el intestino, mejora notablemente la absorción.

Aunque los mayores culpables son los granos y su carga de lectina, otros alimentos ‘modernos’ como las legumbres, los lácteos, el azúcar y el aceite vegetal procesado, tienen el mismo efecto irritante e inflamatorio. Las legumbres tienen unos antinutrientes similares al gluten que afectan a las personas de forma distinta, pero en general todo el mundo se encuentra mejor sin ellas.

Nadie cuestiona la importancia de reducir el azúcar, pero eliminar el aceite vegetal procesado puede sorprender a más de uno porque los gobiernos llevan diciendo 40 años que son una alternativa sana para cocinar por su alto contenido en grasa poliinsaturada. El problema es que la mayor parte de esa grasa corresponde a omega 6, y los humanos hemos evolucionado de forma que necesitamos absorber tanto (o más) omega 3 como omega 6. Si causáis una descompensación por favorecer el consumo de omega 6, el resultado será de nuevo una inflamación sistémica y la reducción de la recuperación.

También conviene dejar los productos lácteos, aunque eso sea difícil para los ectomorfos que usan la leche para ganar peso. A ningún hombre del neandertal se le ocurriría amantarse de una vaca como si él mismo fuese un ternero, sino que la mataba para comer su carne. Sin embargo, si esos animales fuesen alimentados con hierba, no habría tanto problema. No obstante, como normalmente las vacas están alimentadas con grano, la leche contiene lectinas, así que también es un alimento pro inflamatorio. Las vacas tienen su organismo preparado para alimentarse de hierba, así que son igual de intolerantes al gluten que nosotros, y es algo que repercute en la leche que producen y en la propia carne, que consumimos para construir músculo.

Volver a nuestros orígenes

Volvamos a la historia de nuestra evolución, en la que no encontraréis supermercados abiertos 24 horas llenos de frutas de colores y verduras cosechadas a cientos de kilómetros de distancia y transportados en camiones para que lleguen a nuestras mesas. Así, la mayoría de los productos que consideramos la base de nuestra dieta, son estacionales y no tuvimos un acceso constante a ellos, y quizá ni siquiera ocasional, mientras se estaba gestando nuestro genotipo. Entonces, ¿cuál era nuestra base alimentaria todo el año? Según la mayoría de antropólogos: la carne.

El problema es que la carne que tomábamos entonces era muy distinta a los filetes envueltos en celofán que encontramos en el supermercado, porque lo que comen los animales que nos alimentan, es tan importante como lo que comemos nosotros. La ternera alimentada con hierba contiene esa proporción idónea de omega 3 y omega 6, por no mencionar todo el ácido linoleico conjugado (CLA) que contiene, que ayuda a perder grasa y disminuye la resistencia a la insulina.

Eso no quiere decir que nuestros ancestros comieran sólo carne, pero sí que la proteína tuvo un papel importante en nuestra evolución y según muchos antropólogos fue esencial en el desarrollo del cerebro.

Sin embargo, la dieta cavernícola difiere de otras similares, como la Atkins o la cetogénica, en la proporción de nutrientes, pues el primer valor es la proteína y luego la cantidad de grasa es moderada, como de la carbohidratos, mientras que la cetogénica incluye una elevada proporción de grasa y casi nada de hidratos de carbono.

A la hora de definirse, una alimentación con una cantidad media de grasa da mejores resultados en cuestión de rendimiento y de composición corporal que una con muy pocos lípidos.

Algunos culturistas se asustan cuando empiezan a contar calorías, pues la grasa contiene nueve por cada gramo, mientras que la proteína y los carbohidratos cuatro, pero siempre consiguen una mejor composición corporal elevando un poco la grasa.

La dieta cavernícola para ganar masa y perder grasa

En la dieta cavernícola se prima a la calidad del alimento en vez de a la cantidad, y muchos de sus seguidores aseguran que cuando se liberan de los productos de la agricultura, principalmente los granos, se sienten saciados y no comen en exceso, así que se definen mejor sin preocuparse de las calorías totales.

En el caso de los culturistas que necesitan recortarse en un grado importante, para empezar gracias a la dieta cavernícola podrán mantener un nivel bajo de tejido adiposo fuera de temporada, puesto que no seguirán el proceso anticuado y poco saludable de cebarse como cerdos para luego purgarse. Los estudios han demostrado una y otra vez que es más fácil lograr la definición muscular siguiendo una alimentación equilibrada y mantener el peso corporal a poca distancia del de competición. Así, cuando llega el momento de recortarse a fondo, con unos sencillos ajustes bastará porque el atleta sólo tendrá que perder 4-5 kilos, en lugar de 10-15kg.

La principal ventaja de la dieta cavernícola para los culturistas que se están recortando es que corren menos riesgo de perder músculo mientras eliminan el tejido adiposo.

Así que, tanto si os estáis preparando para subir al escenario, como si sólo queréis lucir los abdominales este verano, esta dieta os ofrece muchos beneficios, desde mantener el músculo hasta perder lípidos con mayor rapidez, menos ejercicio cardiovascular, mayor absorción de los nutrientes y un mejor estado de salud general.

Un instrumento de la ciencia moderna para modificar la composición corporal compatible con la dieta cavernícola

Por fortuna, aunque nuestro estilo de vida se ha alejado mucho del de nuestros antecesores, los hombres de ciencia cuentan hoy con los conocimientos suficientes para conocer las propiedades de muchos extractos de plantas y moléculas que ejercen acciones de gran calado sobre el organismo y han desarrollado con ellos una fórmula sin parangón para contrarrestar los defectos de nuestra dieta deficiente y modificar la composición corporal favoreciendo la adquisición de masa magra (músculo) y la pérdida de masa grasa (adiposidad).

Hablo del ergocéutico TH 101 desarrollado por científicos de Future Concepts.

La compleja y sofisticada fórmula de 12 ingredientes con que cuenta este ergocéutico permite activar todos los procesos conducentes a la definición muscular.

Por ejemplo:

Regula al alza el ritmo metabólico

Para ello incluye tres compuestos que son los que la glándula tiroides necesita para formar las hormonas T3 y T4 con las que regula el metabolismo. El TH 101 no proporciona esas hormonas, pero los materiales imprescindibles para su fabricación.

Además, en la fórmula se encuentran asimismo otros ingredientes que elevan el ritmo metabólico mediante distintos mecanismos, como la forskolina, la sinefrina, la guarana (cafeína), entre otros. Y a ritmo metabólico más elevado mayor utilización de la grasa subcutánea, y por consiguiente su eliminación, pero también más capacidad para formar tejido magro.

Controla los niveles de insulina

Está ampliamente demostrado que si los niveles de insulina son elevados se detiene por completo la combustión de la grasa para proporcionar energía, además el riesgo de formación de lipogénesis es muy alto, por eso este ergocéutico incluye varios ingredientes como el picolinato de cromo o la planta gimnema silvestre, que impiden la curva alta de glucemia y por tanto inhiben la actividad lipogénica de la insulina.

Incrementa la termogénesis y el gasto calórico global

Entre las acciones tendientes a eliminar la grasa, el TH 101 favorece el incremento del gasto calórico, ya que mediante varios extractos de plantas eleva la termogénesis, o producción de calor corporal, de manera que así aumenta muy sustancialmente el número de calorías que se consumen a lo largo del día (incluso en reposo y sin hacer ejercicio) para producir calor corporal. Esa mayor combustión calórica equivale a menores depósitos de tejido graso.

Activa el uso preferente de la grasa como combustible

Esta es una acción muy selectiva, puesto que gracias a dos compuestos botánicos muy específicos del TH 101 se segregan las hormonas catecolaminas, la epinefrina y la norepinefrina, que son las responsables de las reacciones de ataque y de huida, que de forma inmediata y selectiva usan los ácidos grasos como combustible energético instantáneo, contribuyendo así a que toda actividad física sea a expensas de la grasa que se quemará con prioridad para producir energía.

Inhibe la conversión de glucosa en adiposidad

Uno de los ingredientes del TH 101, el ácido hidroxicítrico, inhibe la actividad de la enzima citrato liasa que es la encargada de convertir los sobrantes de glucosa en ácidos grasos, o sea en grasa corporal.

Con esta inhibición se bloquea otro mecanismo de generación de adiposidad y los hidratos de carbono o se queman o se expulsan.

Controla el apetito, especialmente por los dulces

El ácido hidroxicítrico regula a la baja el apetito, sobre todo por los dulces, acción que se ve reforzada por la gimnena silvestre, en cuya composición uno de sus ingredientes principales, el ácido gimnico, posee una estructura muy similar a la de la glucosa, de manera que ocupa sus receptores y anula el sabor del azúcar durante horas, lo cual es importante en el contexto de una dieta de definición.

Activa la eliminación del agua subcutánea

La retención de agua bajo la piel contribuye a ese aspecto de músculos blandos y fofos, por eso el TH 101 incluye la planta, taraxacone officinalis, un excepcional diurético que ayuda a expulsar el agua que se aloja bajo la piel, pero sin embargo preserva el potasio, por lo que en ningún caso entraña ningún riesgo para mantener el balance óptimo de los niveles de electrolitos.

Preserva la masa magra ante la restricción calórica y favorece la creación del músculo

Dos ingredientes de esta fórmula tienen la peculiaridad de acelerar la formación de proteínas en el propio núcleo, preservando así la masa magra durante los periodos de restricción calórica propios de las dietas de definición. Mientras, otro ingrediente bastante único ha demostrado en varios estudios que desune la proteína sanguínea (SHBG) que se adhiere a la testosterona en la circulación, anulando al hacerlo su actividad anabólica. Por tanto, el TH 101 al liberar la testosterona propicia sus acciones de anabolismo y de creación de músculo.

Ganad más músculo al tiempo que elimináis la grasa regresando a una alimentación más acorde con nuestra evolución

Puede que algunos de vosotros digáis que no es posible llevar una dieta tipo cavernícola, pero os equivocáis, porque existen muchos alimentos perfectamente compatibles. Por ejemplo, en muchos supermercados ya es posible saber si la carne es de crianza biológica, o sea alimentada con pastos y al aire libre, así como si los pescados como el salmón provienen de piscifactorías o son pescados en libertad. A pesar de tener que pagar un poco más optad siempre por los últimos, pues la diferencia nutricional es muy importante.

Olvidad los granos y cereales y optad por los tubérculos, verduras y hortalizas. Incluid los huevos enteros como una magnífica fuente de proteína y también estos están obligados a llevar una etiqueta que indica cómo se alimentaron las gallinas ponedoras. Estad atentos.

Eliminad el azúcar en todas sus formas, así como los alimentos refinados y procesados.

No temáis ingerir más grasa de la habitual si ésta es buena y para garantizar que vuestra definición es importante y de gran calado, utilizad el TH 101 de Future Concepts y optimizaréis el funcionamiento de vuestro metabolismo que se volverá tan eficaz y robusto como el de un cavernícola.

Normas básicas de aplicación de la dieta cavernícola

Evitar todos los granos, las legumbres, los productos lácteos, el azúcar y los aceites vegetales procesados.

Procurad cambiar vuestras fuentes de carbohidratos por las patatas, batatas, boniatos o verduras, para aseguraros de no irritar el intestino.

Consumid cuatro gramos de proteína por kilo de masa corporal.

Esos cuatro gramos de proteína por kilo de masa corporal es una cantidad adecuada, e incluso se puede aumentar en el caso de los culturistas.

Obtened casi la mitad de vuestras calorías de la grasa.

Aumentad el consumo de grasa y comprobaréis que os encontráis mejor, rendís más y os recuperáis antes.

Incrementad el consumo de carbohidratos en el último minuto antes de la competición.

Si el 40% de las calorías corresponde a proteína, el 40% a grasa y el resto a carbohidratos, tendréis la sensación de estar planos cuando se acerque la fecha de la competición. Entonces, justo antes de la competición modificad la proporción para aumentar la cantidad de carbohidratos y produciréis una compensación y una acumulación exagerada de glucógeno (sobrecarga de hidratos) y agua intracelular (porque cada gramo de glucógeno se almacena junto con tres de agua), así que os sentiréis mucho más voluminosos de lo habitual el día de la competición.

Aprended a dividir la ingestión de nutrientes.

Tomad los carbohidratos en la primera parte del día, justo antes y después del entrenamiento. Por la tarde y por la noche las comidas deben constar de más proteína y grasa para aminorar el nivel de insulina. De ese modo conseguiréis mantener una mejor composición corporal.

No hagáis pruebas en el último momento.

Si queréis probar un sistema con mayor proporción de grasa, debéis hacerlo en un momento en el que no os juguéis nada (competitivamente hablando) y, además, reservad unas semanas para comprobar cómo responde el cuerpo. Cuando se acerque el gran día para subir al escenario tenéis que utilizar un sistema que sabéis que os funciona.