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SIGUIENDO LA DIETA DEL CAZADOR-RECOLECTOR

Por Warren Sicloces

El consenso general de los expertos es que el factor nutricional constituye el eje de la composición corporal, tanto que muchos afirman que su relevancia es mayor incluso que la del propio entrenamiento. Y eso es especialmente cierto cuando se trata de reducir los acopios de grasa.

Lograr una definición importante depende principalmente de la dieta, no del ejercicio.

Existen montones de dietas de definición, pero muchas destruyen tanto músculo como grasa, en cambio una que permite deshacerse de grandes cantidades de grasa manteniendo la masa muscular es la dieta del cazador recolector, sencillamente porque constituye un enfoque natural que se basa en nuestra propia evolución.

Existen tantas dietas que sería muy difícil intentar recordarlas todas, pero la mayoría de las que pululan fuera de los círculos del fitness o del mundo de los gimnasios están dirigidas a la gente común de la calle, que lo único que busca es reducir su exceso de peso, sin que en realidad den importancia a la composición del peso eliminado. La totalidad de esas dietas no tienen fundamento científico ni empírico y mucho menos sentido común. Además, no se supone que quien las use pretenda rendir al máximo físicamente, ni sobre todo desarrollar su musculatura.

Se trata de regímenes que reducen mucho las calorías y muchas veces limitan los alimentos que pueden formar parte del menú diario, como las dietas de monoalimentos, es decir la de la alcachofa, la de la manzana, etcétera.

Ninguno produce resultados más que a muy corto plazo, pero además éstos son efímeros y perjudiciales tanto para el aspecto físico como para la salud, porque eliminan tanto tejido muscular como graso.

Por tanto, no nos sirven para nada.

Y a pesar de que ningún culturista o entusiasta del fitness seguiría una de esas majaderías, porque saben todos lo suficiente de nutrición como para comprender que eso constituiría un retroceso en su evolución, también cometen errores sobre todo durante la fase de definición. El peor de todos es la clásica dieta constituida por pechuga de pollo y arroz hervido, que puede durar de 10 a 16 semanas.

A pesar de lo insensato y poco natural que es este tipo de alimentación, todavía lo siguen miles de culturistas cuando quieren definirse, y se definen, eso es cierto, pero no sólo pierden grasa, sino también músculo, fuerza, disminuyen su producción de testosterona y de hormona del crecimiento, sufren de estreñimiento, inapetencia porque acaban aborreciendo el pollo y el arroz, y además corren grave peligro de sufrir carencias nutricionales.

Las dietas de corte cetogénico, por otro lado, están de moda desde hace algunos años y cuentan con muchos seguidores, dentro y fuera del círculo del gimnasio y funcionan en un alto porcentaje, pero el hecho de eliminar todos los carbohidratos de la dieta, mientras que se mantiene elevado el consumo de proteína y de grasa, tampoco es lo más idóneo para la salud a largo plazo. La dieta más popular de este tipo es la Atkins.

Además de que la reducción espectacular inicial de peso se debe a la pérdida de los depósitos de glucógeno muscular y el agua que éstos mantienen, la reducción de masa muscular es inevitable en este marco a largo plazo.

Seguro que conocéis numerosas dietas y puede que hasta las hayáis puesto en práctica. En cualquier caso, el mejor régimen alimenticio es aquel que se acerca a la forma en que el hombre se ha alimentado durante cientos de miles de años.

¿Por qué? Porque es el más natural ya que forma parte de nuestra propia evolución.

El papel de la alimentación en la evolución

A la hora de pensar en la alimentación más idónea, es necesario hacerlo en nuestra evolución, porque el organismo de los seres humanos no se acaba de formar recientemente, sino que es el resultado evolutivo de cientos de miles y miles de años.

Habría por tanto que valorar el hecho de que según los paleontólogos, el hombre lleva ya en la tierra del orden de un millón de años, o tal vez más (algunos doblan esa cifra). De manera que nuestros genes mantienen información de la evolución de la especie durante todo este periodo. Y la pregunta es, ¿cómo nos hemos alimentado durante todo este tiempo? Básicamente el 99,5% de nuestra historia hemos sido cazadores y recolectores, es decir que nos hemos alimentado de pequeños animales, así como de frutos silvestres, frutos secos, bayas y algunas raíces. Intrínsecamente hablamos de proteínas, grasas y carbohidratos fibrosos.

Se calcula que la agricultura no tiene más de 10.000 años, o menos, eso significa apenas un 1% en el millón de años de existencia, mientras que la fabricación industrial de alimentos cuenta con menos de 200 años, es decir un 0,02% del 1% que representa la agricultura dentro de nuestra evolución, o sea un 0,0002% sobre el total.

Dicho de otra forma, si ese millón de años supusiese las 24 horas de un día, entonces la alimentación industrial equivaldría a los 17,28 últimos segundos de ese día. Por consiguiente, estadísticamente eso significa que nuestros genes no han estado expuestos prácticamente nunca a los alimentos fabricados industrialmente y éstos son prácticamente sustancias desconocidas para el organismo.

La dieta del cazador-recolector

Las autoridades y expertos en nutrición alertan que la epidemia actual de sobre peso que sufre el llamado mundo desarrollado es consecuencia directa del consumo de los alimentos refinados que la industria alimentaria produce y éstos propugnan una vuelta a la alimentación más tradicional.

En este sentido han surgido nuevas dietas que recomiendan un mayor consumo de proteínas y grasas saludables, junto con importantes cantidades de carbohidratos, pero fibrosos, no azúcares, ni excesos de fécula o de almidón; una forma de alimentarse más acorde con nuestra evolución.

Por ejemplo, Ori Hofmekler ha plasmado sus ideas en un libro llamado The Warrior Diet (La dieta del Guerrero). En él Ori propone un nuevo concepto, dentro de la alimentación evolutiva, en el cual da un paso más y propugna la teoría de que el culturista puede derivar provecho de la alternancia de comer de forma frugal y de la sobrealimentación, algo que también era totalmente natural durante nuestra evolución, puesto que el hombre no tenía asegurados los alimentos de forma regular, debiendo alternar episodios de escasez con otros de abundancia.

En esencia, sus ideas coinciden con las de los que recomiendan un cambio en nuestra alimentación, basado en la teoría evolutiva y los alimentos con los que nos hemos alimentados durante el 99,5% del tiempo que la especie lleva en la tierra.

Básicamente se trata de consumir carnes de crianza biológica, con animales criados en semilibertad, aves de corral y no de granjas industriales, pescados de aguas frías (no de piscifactorías), huevos fértiles, frutas silvestres, hortalizas, frutos secos y algún bulbo. Todos los expertos que abogan por la dieta evolutiva, erradican de sus regímenes alimenticios los carbohidratos refinados, el azúcar en todas sus formas, así como las grasas saturadas procedentes de la llamada cocina rápida o comida basura y por supuesto todo tipo de alimento en conserva.

Fuentes de hidratos feculentos sólo se admiten en pequeñas cantidades y siempre en su forma original o integral, como el arroz o cereales integrales. Las legumbres se aceptan con moderación.

Basándose en la evolución de los seres humanos, los científicos aseguran que éstos comían la mayor parte de las calorías en la comida de la noche, antes de retirarse a descansar. Señalan que los cazadores de aquella época pasaban el día tratando de cazar y de recolectar frutos o alimentos y durante el día comían muy poco, básicamente algunos hidratos de carbono ricos en fibra y muy poca proteína, pero era de noche, cuando regresaban a la cueva o al lugar donde esperaba el resto del clan, cuando se consumía la carne y la grasa. Era el momento del festín.

Según los hombres de ciencia el hombre primitivo poseía una mayor tasa de masa magra (músculo) y menos grasa corporal que el hombre moderno, además de mucha más fuerza y resistencia física.

La teoría de la sensibilidad a los aminoácidos

Asimismo, Ori coincide con otros científicos y fisiólogos en subrayar que cuando el cuerpo no ha estado expuesto a los aminoácidos, se genera una mayor capacidad de absorción de estos nutrientes que cuando éstos están siempre presentes en la circulación.

En ese mismo sentido, existen trabajos científicos que han puesto de manifiesto más allá de toda duda que la absorción de los aminoácidos no se produce siempre al mismo ritmo, destacando que los científicos han podido constatar como cuando los músculos se hayan expuestos a estos nutrientes constantemente, sus receptores se regulan a la baja y se vuelven poco más que insensibles, mientras que cuando se administran después de un tiempo de ayuno, como recién levantados, y después del entrenamiento dichos receptores son capaces de absorber una gran cantidad de aminoácidos.

La dieta del cazador proporciona una gran cantidad de vitaminas y minerales, tres veces más fibra que otros tipos de alimentación, una buena cantidad de hidratos de carbono fibrosos, pero poca fécula y almidón, nada de azúcar o hidratos refinados, bastante proteína y una moderada cantidad de grasa insaturada, es decir grasa saludable.

La gran diferencia estriba en los horarios de comida, porque en la dieta del cazador y recolector la mayor parte de las calorías y proteínas se ingieren con la última comida del día, por tanto los músculos son capaces de absorber una gran cantidad de aminoácidos en los músculos.

La dieta del cazador-recolector en el marco del culturismo

Este protocolo de alimentación no coincide exactamente con el que sigue la mayoría de culturistas (aunque en su momento ha sido seguido por algunos, como Serge Nubret, cuya comida más importante la realizaba antes de dormir), pero hay formas de adaptarlo tanto a una rutina de masa como de definición.

Puede resultar algo más “extraño” para la fase de volumen, porque los culturistas están acostumbradas en ese periodo a comer mucho y a todas horas, sin embargo también se cargan de grandes cantidades de grasa, mientras que siguiendo la dieta del cazador-recolector ganarán masa sin grasa.

Pero obviamente esta dieta ‘evolutiva’ es más eficaz cuando lo que se pretende es deshacerse de los excesos de grasa corporal y preservar al mismo tiempo la masa muscular.

Tampoco hay que olvidar que mediante el ejercicio muscular se activa la sensibilidad de los receptores de los aminoácidos en las células musculares, o dicho de otra forma, que es posible incrementar la cantidad de proteína que los músculos pueden absorber y sintetizar. De manera que por muy buena que sea vuestra dieta solamente podréis desarrollar la musculatura si aunáis alimentación adecuada con el entrenamiento apropiado.

Si además de eso tenéis ciertos problemas para alcanzar un grado razonable de definición, o sea si os sobran demasiados kilos, entonces además de la rutina de entrenamiento muscular tendréis que incorporar el ejercicio cardiovascular o aeróbico. Éste dependerá de la cantidad de grasa que necesitéis eliminar, pero como orientación podéis considerar que tres sesiones de 30 minutos a la semana son simplemente de mantenimiento y que para deshacerse de la grasa corporal, puede que necesitéis cinco o seis de entre 40-60 minutos.

Los mejores momentos para llevar a cabo esa actividad cardiovascular es o bien al levantarse por la mañana, en ayunas, o justo después de haber acabado la sesión de pesas.

Un coadyuvante para eliminar grasa y ganar músculo

Future Concepts, un grupo de investigadores, ha desarrollado el ergocéutico TH 101, un coadyuvante natural que puede ayudaros tanto a eliminar la adiposidad, como a acentuar las ganancias musculares.

El TH 101 activa el metabolismo y hace que éste utilice mejor las calorías que consume, al tiempo que acelera la utilización de los depósitos grasos ya existentes y bloquea la posibilidad de nuevos incrementos de adiposidad.

En realidad este ergocéutico ha sido concebido para actuar en cuatro frentes distintos, pero vinculados entre sí.

  • Activa la tiroides y el funcionamiento del metabolismo.
  • Aumenta la termogénesis, proceso por el cual el cuerpo quema más calorías para producir calor corporal las 24 horas del día, incluso en estado de reposo.
  • Incrementa la utilización prioritaria de las grasas como combustible energético, evitando la nueva acumulación de tejido adiposo.
  • Preserva la masa muscular y fomenta la síntesis de nuevos tejidos mejorando la eficacia de la testosterona.

La primera acción del TH 101 es suministrar al cuerpo los elementos que éste precisa para la formación de las hormonas tiroideas. No se trata de una aportación química de hormonas ni de ninguna otra sustancia sintética, sino de facilitar aquellas materias primas naturales que han de estar presentes para que la glándula tiroides efectúe la síntesis hormonal. Básicamente lo que este preparado proporciona es el aminoácido L-tirosina que constituye la materia prima de la que luego se forma la hormona tiroidea, la tiroxina. Además de proporcionar ese material básico, también hace una importante aportación en yodo, que es el segundo elemento esencial para que la tiroides funcione correctamente. Sin este mineral el cuerpo no puede fabricar hormonas tiroides, tenga o no la materia prima para ello. Y por fin el cobre lisinato es otra sustancia que toma parte en la formación de varias coenzimas necesarias para diversos menesteres y entre éstos la síntesis de tiroides.

Por tanto, con el aporte de esos tres ingredientes el TH 101 proporciona al organismo, y más en concreto a la glándula tiroides, las sustancias que ésta necesita para funcionar correctamente.

Por otro lado, la termogénesis es un proceso natural por el cual el metabolismo emplea las calorías para producir la temperatura corporal, de manera que el simple hecho de elevar esa temperatura unas décimas significa muchas calorías más gastadas al cabo de las 24 horas del día, puesto que incluso estando en reposo o durmiendo, el gasto calórico es más elevado.

En ese sentido, el TH 101 incorpora varias sustancias vegetales que coinciden en elevar la termogénesis o producción de calor. Eso significa que aunque no hicierais ejercicio ni dieta, por el simple aumento del gasto calórico para producir temperatura corporal, con el TH 101 iríais paulatinamente eliminando los depósitos de grasa.

El cuerpo puede usar indistintamente la grasa o los carbohidratos para producir energía. Aunque prioritariamente se inclina por los segundos porque son más fáciles de quemar, sin embargo cuando necesita producir energía y no dispone de carbohidratos entonces tira de la grasa, por tanto una reducción de hidratos de carbono, especialmente los feculentos como propone la dieta del cazador-recolector, es siempre aconsejable para reducir la adiposidad. Pero existe otro medio mejor que es activar esa selección natural del cuerpo para que se decante por elegir la grasa como combustible principal. Ese proceso se conoce como lipólisis.

A tal efecto el TH 101 dispone de varios ingredientes que actúan en ese sentido, es decir que estimulan la liberación de los ácidos grasos del tejido de reserva para ser empleados con prioridad como fuente energética.

Otra acción muy interesante del TH 101 es que evita la formación de más tejido adiposo como consecuencia de los posibles excedentes procedentes de los carbohidratos. A pesar de que químicamente los hidratos de carbono no son grasa, sí se ha demostrado que cuando no son quemados para producir energía acaban convertidos en el hígado en triglicéridos de reserva, o sea en grasa corporal. Future Concepts ha incorporado un ingrediente al TH 101, el ácido hidroxicítrico, que evita esa conversión, de manera que si los músculos no queman los hidratos como combustible, entonces o bien se almacenan como glucógeno o se eliminan, impidiendo así la creación de nuevo tejido adiposo.

Aparte de estas acciones el ergocéutico TH 101 también posee cierta actividad diurética y ayuda a eliminar el exceso de líquido retenido bajo la piel, así como también evita la curva alta de insulina que suele acarrear problemas de picos de hambre, de bajones de energía y más deposición de grasa corporal.

Un ingrediente principal del TH 101 además de acelerar la eliminación de la grasa, activa el monofosfato cíclico de adenosina (AMPc) en las células, con lo que fomenta también la síntesis de proteínas en las células, lo cual significa más masa muscular y por si fuera poco, ese mismo ingrediente ha demostrado en los estudios que aumenta la circulación de testosterona libre. En otras palabras, además de incrementar la producción de testosterona, también libera (o desune) la que ya circula normalmente, que suele hacerlo unida a una proteína sanguínea. Es preciso subrayar que sólo la hormona libre es activa y anabólica, mientras que la que viaja unida a la proteína es inactiva. Por tanto, gracias al TH 101 el cuerpo sacará mayor provecho anabólico a su propia producción hormonal.

En otras palabras, que los 12 ingredientes que componen la fórmula del TH 101 bloquean por diferentes medios la formación de grasa, además de activar la eliminación de la ya existente y favorecer la preservación y el incremento de la masa muscular.

Volvamos a nuestras raíces

Existen muchos tipos de dietas, pero si lo pensáis bien la idónea para el ser humano es aquella que más se acerque a nuestra propia evolución y esté compuesta de los alimentos con los que durante cientos de miles de años nos hemos alimentado.

La dieta del cazador-recolector contiene muchos elementos de sentido común y también muchos seguidores que afirman recobrar con ella la energía y un físico musculoso y sin grasa.

Básicamente, coincide con la dieta evolutiva, pero difiere en los horarios de las comidas. Sólo podréis saber si ésta es la que mejores resultados puede proporcionaros, si la probáis y la ponéis en práctica durante algunas semanas.

Ahora ya sabéis qué y cuando comer y también con qué ayudaros para lograr esa definición y masa muscular que tanto deseáis: con el ergocéutico TH 101.

El TH 101 ha sido concebido para actuar en cuatro frentes distintos, pero vinculados entre sí.

  • Activa la tiroides y el funcionamiento del metabolismo.
  • Aumenta la termogénesis, proceso por el cual el cuerpo quema más calorías para producir calor corporal las 24 horas del día, incluso en estado de reposo.
  • Incrementa la utilización prioritaria de las grasas como combustible energético.
  • Acentúa la creación de nuevas proteínas y por tanto preserva la masa muscular, al tiempo que favorece su creación.

Las reglas de la dieta del cazador recolector

Las pautas alimenticias del cazador y recolector constituyen una base idónea para la dieta culturista, porque aporta gran cantidad de proteína, fibra, vitaminas, minerales, antioxidantes, junto con hidratos de carbono fibrosos, algo de fécula y grasa saludable, todo lo cual propicia el crecimiento muscular al tiempo que reduce la grasa corporal. Estas son las reglas del cazador:

  • Consumir hidratos de carbono fibrosos, como verduras y hortalizas.
  • Incorporar a la dieta proteínas orgánicas, es decir carnes de crianza biológica, aves de corral y pescados no procedentes de piscifactorías.
  • Consumir grasas buenas, como frutos secos, aceites vegetales y aguacates.
  • Beber agua en abundancia de manantial y no embotellada en plástico.
  • Comer frutas cítricas y tropicales, con moderación.
  • Tomar una comida copiosa por la mañana y otra a modo de cena y comer más frugalmente durante el resto del día.
  • Consumir con moderación carbohidratos como arroz integral, copos de avena, boniatos y legumbres.
  • Evitar el azúcar en todas sus formas.
  • No consumir hidratos de carbono refinados.
  • Alejaos de la comida basura o la llamada comida rápida en todas sus formas.
  • Desechad de vuestra dieta todo tipo de alimentos fritos o en conserva.