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Seguro que todos los que os cuidáis físicamente y sois conscientes de la dieta procuráis evitar las grasas trans porque todo el mundo sabe que son muy dañinas. ¿Pero habéis pensado en los fritos? Pueden ser tan malos o incluso más.
Ser conscientes de evitar las grasas trans está muy bien, pero otra cosa que debéis evitar son los fritos que no hagáis vosotros mismos en casa. Ya no se trata de los fritos industriales que, como es lógico pensar, se harán usando los aceites más baratos posibles, pero en las freidurías y los restaurantes igualmente.
Hasta cierto punto es lógico pensar que estos negocios no van a usar el aceite de oliva virgen extra para freír, ni tampoco que van a cambiar el aceite después de cada fritura. De manera que lo más probable es que empleen un aceite barato (porque gastarán mucho) y que lo aprovechen para hacer muchas frituras antes de cambiarlo, así que ese aceite estará sometido durante horas y horas a altas temperaturas.
El exceso de oxígeno en el aire provoca la oxidación del aceite, que se enrancia, provocando cambios estructurales, lo que reduce drásticamente la calidad del aceite y lo hace peligroso para la salud humana, entre otras cosas porque genera una variedad de compuestos, incluidos los hidrocarburos aromáticos policíclicos (HAP), algunos de los cuales han sido reportados como altamente cancerígenos.
De manera que comer fuera unas patatas fritas, unas croquetas, churros o unos pescaitos fritos, no va a matar a nadie por hacerlo alguna vez, pero por lo menos sabed qué es lo que os metéis en la boca y el daño que eso puede haceros.
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